Nuestro bebé en la piscina

En la entrada de hoy hablaré de una experiencia personal en la que aparecemos mi pareja, nuestro hijo y yo mismo. Desde antes de que Liam naciera ya teníamos en mente que queríamos apuntarlo a piscina. Además de entre las muchas ventajas que eso podía suponer y que a continuación describiré brevemente, es algo que creíamos que era lo correcto. Tanto fue así que al cumplir los 4 meses nos aventuramos para completar a finales del 2019 el que fue nuestro primer trimestre en la piscina.

Este no será un texto científico basado en el estudio y las ventajas que presenta llevar a tu hij@ a que se adapte al medio acuático pero si que haremos una pequeña pincelada a beneficios que aporta según otras fuentes consultadas previamente.

 

Beneficios
  • Mejora el desarrollo psicomotor
  • Fortalece el sistema cardio-respiratorio
  • Ayuda a su desarrollo intelectual
  • Desarrolla el vínculo afectivo entre bebé-mamá-papá
  • Inicia la socialización
  • Desarrolla las habilidades vitales de supervivencia
  • Ayuda al bebé a relajarse
  • Refuerza su seguridad e independencia

 

Nuestra historia

 

Liam es nuestro hijo y se adelantó en el momento del nacimiento nada más y nada menos que 6 semanas. Previsto para la segunda quincena de Junio él decidió nacer a comienzos de Mayo. Ni clases pre parto, ni habitación, ni casa, ni nada de nada. Simplemente, ¡llegó! La verdad que la idea de apuntarlo a piscina es algo que ya teníamos muy presente y así lo hicimos, tan pronto estuvo todo correcto dentro de las medidas como un bebé normal fuimos al lado de casa para darnos de alta. En este primer trimestre ha sido de los más pequeños y uno de los alumnos que mejor se lo ha pasado, o eso parecía, no tanto cuando había que sumergirlo.

 

Resumen de un día de piscina

 

La verdad que a medida que íbamos yendo a más clases íbamos viendo como Liam se lo iba pasando mejor. Nuestra clase de las 10.30h los sábados es un tanto complicada. Liam es un niño que duerme del tirón y sobre las 8 más o menos ya está dando tumbos en la cuna, señal inequívoca que se acabó el descanso para mamá y papá. Sobre las 8.30h desayuna y nos preparamos para salir de casa y desayunar por el centro de la ciudad antes de dirigirnos a nuestra primera actividad del fin de semana. Entre el desayuno y la natación intentamos que pueda dormir un poco, de hecho en días normales y tras esa primera comida suele hacerlo.

 

Sobre las 10.15 más o menos llegamos al centro para prepararnos. Si es mamá quien entrará con él, papá lo cambia para ir más rápido todos. Pañal-bañador y toalla. EN nuestro caso él no usa gorro porque no tiene mucho pelo y nos indicaron que no era necesario que lo usara por ahora. Una vez en la zona de piscinas Liam empieza a mirar hacia el agua, sabe que una nueva jornada se acerca. A medida que han ido pasando los fines de semana podías apreciar como cada vez tenía más ganas de entrar al agua mientras esperábamos fuera. A la señal del profesor, toallas fuera y a jugar.

 

La adaptación al medio es super importante para que el bebé se prepare, mojarle la cabecita, la nuca, la espalda, los brazos y ¡Chop! Acompañar al bebe en los movimientos no muy sincronizados que realiza, con el uso de diferentes materiales para su adaptación a un medio muy dispar del terrestre. Hay un momento en la clase que siempre le entra la ‘bajona’ y tu miras al reloj y piensas, si no ha dormido (ufff, aquí se nota la cabezadita). Si ha echado cabezadita piensas (uffff, tendría que haber comido aun un poco más, tiene hambre se le nota). Entonces  es en este preciso momento que el profesor trae la píldora salvadora y no es otra que: pelotita de bañera o EL PATITO. En nuestro caso el patito puede ser más efectivo puesto que la canción de Five Little Ducks ha pasado a ser TOP de las listas desde que iniciaramos este viaje. Antes de que naciera era Baby Shark pero ya no le hace mucho caso.

 

Llegando ya sobre el final de la clase a eso de las 10.55 (es media hora de clase), yo creo que Liam ya se huele algo. El profesor suele dejar para el final el petardazo que no es otra cosa que el sumergirlo. Tanto Danae como yo sabemos que en ese momento la tranquilidad con Liam se ha terminado y es soplarle a la cara para que aguante la respiración que empieza a llorar. El bebé tranquilo, algo revoltoso que había fuera del agua se convierte en Tasmania al atravesarla. Tendríamos que revisar el cloro y los productos de la piscina aunque yo creo que es más que no se acaba de hacer a la idea, no debe aguantar bien la respiración o el agua es su kriptonita pero vamos que AQUAMAN no es. Almenos no cuando de bucear se trata.

 

Ahora bien, el momento colchoneta tranquilizadora de final de la sesión debe ser mágica, ahí ya sacamos en claro que el niño tiene sueño, porque se le van los ojos y hambre porque se mete las manos en la boca. Es ahí donde nos damos cuenta que tan mal encaminados al principio de la clase no íbamos. El camino desde que salimos de la piscina hasta que finalmente está cambiado, en el carro y durmiendo se asemeja un poco a las 4 estaciones de Vivaldi, sin ser igual tan armoniosa la melodía que reproduce.

Espero que os haya gustado mi descripción de un dia de piscina con la familia Ramon Castillo como protagonista Liam.

 

No quisiera despedirme de la entrada sin hacer antes una pequeña mención al...

 

El trato recibido

 

La verdad que el trato que hemos recibido en todo momento ha sido exquisito, el profesor tiene mano para los niños pequeños y eso hace la clase mucho más llevadera. Facilita mucho a mamás y papás que nos iniciamos en esta etapa y también en estas actividades. Es una figura importante y tanto mi pareja Danae como yo, creemos que tenemos mucha suerte en ese aspecto nosotros y los compañeros que también asisten al centro y con este tutor.

 

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