Hierro candente, caminante…

Hierro candente, caminante

Me siento, aguanto la cabeza. Me tumbo, levanto un brazo, el otro, miro hacia arriba, me giro. 1, 2, 3… Vuelvo a intentarlo. 3, 2, 1… Una rodilla, la otra, me caigo, me tumbo y al fin gateo. Derecha, izquierda me caigo.

¡Ayuda! Me cojo, apreto, subo… Estoy de pie… Ando ¡Lo conseguí!

En los ojos del que tuvo caídas, se esforzó y cumplió un logro vislumbré el éxito. Premio a la constancia y a ‘esa inocencia’ de seguir, sin cesar. Como un nervio, sin parar. La fuerza del hierro candente, cual caminante por la senda de la vida ante nada se detiene, persevera y lo consigue.

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