Las aventuras de Aylin: El origen (I)

Las aventuras de Aylin

El Origen (I) 

Hace mucho tiempo en una villa del Sur de Aisgamor, en la península de Arabia nació una niña llamada Ildrag. Sus padres murieron cuando ella era aun muy pequeña en las travesías a Hesingard, en el polo ártico. Desde los cinco años estuvo al cuidado de unos vecinos de la familia que vivían en la casa contigua a la suya antes de aventurarse a los quince años de edad a la vida adulta: yendo de aquí para allá, durmiendo en la intemperie o colándose en azoteas y con trabajos que apenas daban para alimentarse toda la semana incluso a veces tenía que robar.

Uno de sus intentos de robo fallidos fue a la granja Askuten donde un anochecer, tras un día cansado y sin mucho éxito laboral decidió ir a por algo de cenar. Una vez dentro de la propiedad se topó con Eisgon, un joven de familia acomodada quien aunque desconcertado por ese imprevisto no pudo evitar quedarse perplejo ante la belleza natural de Ildrag por ello y tal vez por miedo también decidió no contar nada a sus padres. Ella tenía el pelo largo y negro, ojos color verde esmeralda, una nariz pronunciada y marcas en la cara reflejo de su realidad, su perfil era más bien delgado, tirando a famélico. Pese a la sorpresa e incomodidad de ese primer encuentro, poco hacia presagiar lo que el futuro les tenía guardado.

Eisgon era más bien un chico tímido. Tenía los ojos marrones miel, el pelo rubio y corto y era de un perfil más grandote. Con muy poco afán aventurero siempre había estado al cuidado de sus padres aprendiendo el oficio de granjero, lo que por tradición le tocaba: el negocio familiar. Dos realidades muy diferentes que más próximas a chocar se irían fundiendo con el tiempo en una sola.

Los dos jóvenes se volvieron inseparables y empezaron a planear aventuras que querían vivir: viajar a través del Monte helado hasta llegar a la ciudad prohibida de Eleanur, cruzar el Valle Eirsin y completar la travesía a Hesingard. Algo que a él, le asustaba pero comenzó a separarse de la vida que le habían diseñado. Las aventuras habían despertado una fuerte sensación de cambio y búsqueda en él mientras que ella había tenido el pensamiento tímido, por qué no, de vivir una vida más tranquila y organizada, todo un descubrimiento para su persona, también.

Una noche de verano descansando en el pajar del viejo establo mientras contemplaban las estrellas vieron una gran bola de fuego que cortaba a gran velocidad el cielo en dos desapareciendo más allá de las montañas Heirguin. En ese instante dos imágenes completamente antagónicas se formaron en las cabezas de los adolescentes. Por un lado Ildrag, ese espíritu libre y aventurero confabulaba con estar en el lugar donde se había perdido la gran bola de fuego, sin embargo Eisgon, de carácter mucho más conservador y retraído no pudo evitar plantearse nuevamente la vida acomodada que sus padres le habían preparado. De repente gritos de dolor se precipitaron desde la habitación de los padres del chico.

El joven corrió hacia la granja y subiendo las escaleras de dos en dos se presentó en la puerta de la habitación de sus padres. Koldor estaba en el suelo de la habitación retorciéndose de dolor mientras se presionaba con ambas manos el abdomen. Algo iba mal. Al momento su respiración se detuvo, era mucho más pausada. Entre su madre, Karthis y él lo subieron a la cama y lo arroparon. ¡Estaba ardiendo! Trajeron paños de agua fría que colocaron en su frente e iban cambiando cuando estos se calentaban.

Ildrag no había podido evitar acercarse y había subido al tejado desde donde a través de la ventana lo pudo escuchar todo. Un escalofrío recorrió su cuerpo y aunque no alcanzaba a ver a Eisgon sentía su dolor.

Las semanas que siguieron fueron de mucha preocupación. Askuten había sido durante muchas generaciones la granja que abastecía de carnes a la región entera de Aldramug y con Koldor sin ninguna mejoría y Karthis y Eisgon completamente absorbidos por los cuidados que le prestaban la actividad en la granja pasó a estar bajo mínimos algo que la gente empezó a notar. Ildrag se ausentó unos días de los encuentros con el chico. Aprovechó para conocer más de la aldea y ver qué se cocía en las zonas colindantes. Ella vió el sufrimiento de la población y fue en busca de Eisgon para darle el mensaje, algo que se tomó como una oportunidad para demostrar en esos difíciles momentos todo lo que sus padres le habían enseñado. Su legado en sus manos seguía muy vivo.

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